domingo, 4 de abril de 2010

Centenario

"Decidí pintar Gran Vía porque siempre me pareció muy surrealista. La idea me surgió durante un amanecer de domingo paseando con Enrique Gran. Para nosotros, que no teníamos un vínculo de cotidianidad con la vida de esta calle, la seducción que ejercía sobre nosotros era insuperable. No hay más que contemplar esas dos aceras, ese muro continuo. Es algo metafísico. Enrique la definió perfectamente: "Es real como una enfermedad". Era justo esa la sensación que me producía. En esa primera hora del día, lo que contemplábamos era una gigantesca grieta. La Gran Vía vacía y sin coches era verdaderamente impresionante, una imagen muy distinta a lo que acostumbrabas a vivir en la ciudad. Quise expresar en la pintura ese aspecto fantasmal que puede tener el mundo en que vivimos. Es algo que sólo se aprecia desde fuera. Tiene un tono onírico muy potente. La sensación fue tan tremenda que, después de tantos años mantengo fresco ese recuerdo."

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