domingo, 20 de junio de 2010

Entretiempos



Tendemos a concebir el tiempo como una dimensión que permite secuenciar acontecimientos, separar minuciosamente intervalos y comparaciones, pero también como un sistema de medición que hace posible contrastar y cuantificar el movimiento de las cosas. Paralelamente, reconocemos que los objetos y las imágenes poseen características temporales: surgen de un tiempo dado, se perciben y se utilizan en determinadas circunstancias históricas. Y aún más: algunos objetos y algunas imágenes parecen tener cualidades extraordinarias, provocan una inteligibilidad perceptiva que va más allá de su puntuación cronológica, como si suscitasen una dialéctica de temporalidades y de prácticas. Ésa es, como sabemos, una de las condiciones distintivas del mundo del arte.

El tiempo expandido - Sergio Mah

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